Y el mundo vendrá

SINOPSIS

Vicente es mozo en un catamarán del Tigre (barco de paseo del Delta del Río de la Plata). Tiene unos cincuenta años y ya está harto de ese trabajo. Su mujer, Rosa, hace pucheros para los catamaranes, con plantas de su huerta. Su hijo, Luis hace canciones navideñas, en un pequeño teclado, para los entierros de los delincuentes de la zona que creen que así llegarán al cielo. Mary es “escort”, pero dice que anima fiestas de empresarios y el Tío Beto, nacido en Grecia, es un viejo sordo que toca la zambetta (especie de mandolina griega). Viven en una casa precaria al borde del río.
En los comienzos de la obra, llega Vicente, feliz, bailando como si fuese “Zorba”, anunciando que dejó su trabajo para dedicarse a lo que fue el sueño de su vida: bailar griego. Frente a los cuestionamientos de su mujer y sus hijos, sobre cómo piensa ganar dinero ya que la situación económica de la familia es, realmente, mala, fantasea que ganarán millones de dólares con los turistas que vendrán a verlo bailar griego al Tigre, y gracias a eso, cada uno de la familia podrá tener todo lo que quiera. Luis y Mary finalmente adhieren al proyecto mientras Rosa mantiene su oposición.
A partir de ese momento Vicente empieza a estudiar danza griega y a practicar con el Tío Beto, con quien no se puede entender ni hablando, ya que el tío es sordo, ni en el baile, porque el mismo no puede seguir los ritmos que Vicente le pide. Al mismo tiempo ofrece “su número”, sin éxito, a los catamaranes y a los restaurantes de la zona hasta que decide hacer, de su casa, una taberna griega. Al principio, se encuentra con la firme oposición de Rosa hasta que finalmente impone su proyecto.
El tercer acto de la obra es con la casa convertida en una taberna griega, todos vestidos de griegos e incluso, hablan algunas palabras como gracias, sí señor y buenas noches, en griego. Están en los preparativos finales esperando el paso del catamarán que prometió parar en su casa para que bajen los turistas a la taberna “El gran Zorba”. En un momento pasa una lancha colectivo con los vecinos de la zona, pero Vicente apaga todas las luces porque no quiere que vengan ellos, aduciendo que este debe ser un gran negocio. Siguen ensayando hasta que, llegada la hora, comienza a sonar la sirena del catamarán. Luis y el Tío Beto tocan con el máximo volumen, mientras Mary y Vicente bailan con todas sus energías frente al río, pero el catamarán no se detiene. Escuchamos el sonar de las sirenas mientras todos miran con desesperación su paso. Vicente los llama a los gritos inútilmente. Después de una corta escena en la que Rosa les increpa todo lo hecho, pasa otra lancha colectivo. Cuando Vicente va a apagar las luces, Rosa se interpone, les indica que se saquen los disfraces y llama a los gritos a quienes van en la lancha, ofreciéndoles su puchero.
La obra muestra una conducta muy argentina y, seguramente, de muchos otros lugares. Esperamos o turistas o créditos o inversiones del exterior, fantaseamos soluciones delirantes y hacemos “shows” para aquellos que creemos nos salvarán, en lugar de trabajar para nosotros mismos sin esperar milagros de afuera.
Y el mundo vendrá se estrenó en 1989 en Buenos Aires y dió a Rovner la nominación para el Premio María Guerrero como mejor autor de ese año. Esta obra también se representó, en febrero de 1992 en Maldonado, Uruguay, así como en distintas ciudades del interior de la Argentina.
Fue editada por Editorial De la Flor, de Buenos Aires, en el Tomo 2 de las obras de Eduardo Rovner.

Personajes: 5
Escenografía: 1 (con agregados sobre la misma)
Duración: 80 min.
Vestuario: actual en el primero y segundo acto y simulando griego en el tercero.

PUESTAS

Elenco
Onofre Lovero
Ana María Casó
Adrián Blanco
Susana Listur
Jorge Ochoa

Escenografía
Guillermo de la Torre

Dirección

Osvaldo Pellettieri

Teatro

Galpón del Sur

Esta obra también fue representada en diferentes provincias del país y, en 1992, en Maldonado, Uruguay.

2017. Espacio Estela Cultural de Longchamps y Casa de la Cultura de Adrogué, provincia de Buenos Aires.

2017. Tigre, provincia de Buenos Aires.

CRÍTICAS

“Una metáfora con humor y fantasía”
Luis Mazas - Clarín - Mayo de 1989

“(...) Para el director Osvaldo Pellettieri “es una pieza típicamente nacional que reactualiza contenidos, tendencias que están implícitas en la tradición teatral argentina. Yo diría, específicamente, que se trata de un neo-sainete. Con los elementos de la tragicomedia del autoengaño, cuyo modelo es El movimiento continuo de Discépolo, Folco y De Rosa, toma los mismos pero les otorga una nueva orientación, sobre todo en cuanto hace al desenlace. En este sentido hay un corte grande que tiene que ver con nuestra forma de ser argentinos”. (...) Me ha interesado de esta pieza su inmediatez que hasta puede resultar ingenua. Por ello he tratado de marcar una interpretación lanzada en una puesta donde la escenografía, el vestuario y la música contribuyen, de manera determinante, a cierto realismo mágico insoslayable en Y el mundo vendrá (...) Junto con El partener y otras obras, es una suerte de reacción al sistema teatral de los ’60, porque –explica- afronta la crisis desde nosotros mismos. Es una obra esencialmente popular, sentimental, con mucho humor. La ilusión y la fantasía son el empuje del personaje central.(...)”

“Eduardo Rovner: la tragicomedia del engaño”
La Nación s/f

“(...) La frustración del hombre argentino es una constante en la obra de Rovner. Sus personajes aparecen recluidos en su propia incapacidad para resolver los problemas. Prefieren rescatar soluciones en el campo de la utopía antes que aplicar el sentido común que exige la realidad cotidiana. Todos estos juicios están bien apuntados en Y el mundo vendrá , pieza a la que su autor define como “neo-grotesco asainetado”.
Curiosamente, no coincide con esta apreciación el director.
-Yo califico a esta obra- replica Pellettieri- como un neosainete o tragicomedia del autoengaño. El protagonista frente a las propuestas de la vida sufre decepciones y para resolverlas recurre al autoengaño, lo que provoca una alternancia entre lo patético y lo cómico.
-Esta obra de Rovner –continúa- toma elementos del sainete y los reformaliza. Hay un desarrollo caricaturesco. En el final hay una modificación que orienta a la pieza hacia un realismo existencial.
Más allá de las consideraciones teóricas, el protagonista es fácilmente reconocible como un personaje autóctono.
-Lo que la obra plantea- explica Rovner- es un conflicto muy nuestro. Hay una lectura psicológica, sociológica y política de la realidad que vivimos, donde se fantasea con la solución del problema.
(...) Tiene teatralidad-agrega Pellettieri- Yo la leí y la vi puesta. Eso es muy difícil de lograr. Además hay humor y eso es muy importante.(...)”

“Las soluciones mágicas en un logrado grotesco”
Osvaldo Quiroga - La Nación - Mayo 1989

“Las soluciones mágicas y providenciales de los problemas económicos y el intento por transformar la realidad sin la indispensable elaboración son los temas dominantes en Y el mundo vendrá, pieza que corrobora el talento de Eduardo Rovner como dramaturgo.
El autor de Concierto de aniversario regresa en esta pieza a sus tópicos favoritos: la responsabilidad individual y social, la lucha por la supervivencia en un universo hostil y los fuertes contrastes que modelan la interioridad de cada individuo.
Esos contrastes- visibles en toda la obra de Rovner- provienen tanto de la relación de sus personajes con el contexto social, como del propio universo espiritual de sus criaturas. Universo que lentamente va tejiendo una trama de secretas prohibiciones, de permanentes dudas y paulatinos cambios.
(...) Porque esta obra, al margen de la anécdota, muestra a seres desesperados por trascender en un mundo que ni siquiera les permite subsistir. Los signos que aparecen en el escenario -bien dosificados en la puesta en escena- pertenecen a un imaginario colectivo habitado por magia y angustia.(...)”

“Agudeza y ácida captación en una inmejorable parodia”
César Magrini - El Cronista Comercial - Mayo de 1989

“El tema de esta nueva pieza de Eduardo Rovner, que deliberadamente ingresa en el grotesco, especialidad que el autor maneja a la perfección y sin el menor desvío, es simple pero rico en simbolismos, incluido el final, que abre puertas a eso que Carlo Coccioli bautizara, como título para uno de sus libros, como “la difícil esperanza”. De paso, hay que agradecerle particularmente al autor que no se entregue a digresiones seudofilosóficas, que estarían totalmente fuera de lugar, y que vaya al grano, a través de diálogos eficaces, pintorescos y contundentes, así como en extremo gráficos –que de paso delinean la para nada compleja psicología de los cinco personajes- con notable y más que ponderable poder de síntesis – los tres ágiles cuadros no insumen más de una y cuarto de representación, y aquí sí que se cumple aquello de “lo bueno, si breve, y etcétera- ya que en el fondo se trata de una situación, muy hábilmente teatralizada.(...)”

“Una isla donde la vida es sueño”
Diario Página 12 - Junio de 1989 - s/f

“(...)La anécdota transita, son el tono festivo y sin las complicaciones introspectivas del grotesco, hacia un final donde, tanto autor como director intentan hacer prevalecer la intención moralizadora. Es decir: en la alternancia entre los sueños y la realidad es esta última la que debe imponerse para restablecer la armonía. Sin embargo, y tal vez a pesar de las juiciosas intenciones expresas del texto y de la puesta, la obra libera un aliento poético que – en contacto con la realidad extrateatral- legitima el salto en apariencia irresponsable de Vicente, una criatura compulsada por la magra cosecha que depara la sensatez. Es que, aunque él mismo lo crea, no es la posibilidad de hacerse rico de golpe lo que más estimula a Vicente sino un apetito más universal y propio de la condición humana. Más que llenarse los bolsillos –lo que no le vendrá nada mal- el sufrido mozo y padre de familia quiere bailar. O sea levantar los pies unos centímetros por encima de la tierra llena de basura.”

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