Illia. ¿Quién va a pagar todo esto?

SINOPSIS

Escribí la obra hace poco más de diez años, en la década del 90, en la que reinaban la corrupción, la ostentación y la entrega del país. Sentí que el personaje que se oponía totalmente a ese modelo era el ex Presidente Arturo Illia quien, por un lado, era un ejemplo de honestidad y austeridad y, por el otro, tuvo una política cargada de sensibilidad social y preocupada por la soberanía e independencia del país, demostradas por la ley de medicamentos, la anulación de los contratos petroleros corruptos de Frondizi, la distribución de la riqueza, la más alta de muchísimos años para la clase trabajadora y la menor deuda externa del país.
La obra está escrita siguiendo dos ejes: su vida privada y política y el avance del golpe que lo derrocó. Había muchas teorías acerca de por qué los militares, con el apoyo de los medios y de un sector importante de la sociedad, lo sacaron de su cargo. El tema de la tortuga, el de las palomas en la cabeza, de que no hacía nada… Quería que en la obra quedara en claro que no fue así. Por eso dice, en un momento: “Nos sacan por lo que hicimos, no por lo que no hicimos”. Todas sus medidas en pos de hacer un país independiente y soberano aceleraron la reacción del sector liberal que quería la entrega. Creo que con el golpe del Gral. Onganía comienza la política de entrega que después se desarrolla durante el Proceso militar, y que la aparente democracia de Menem profundiza. También tengo razones emotivas para haberla escrito: Como titular del Ejército, Onganía había arreglado con la OEA el envío de tropas a Santo Domingo en apoyo de la invasión yanqui. Yo estaba haciendo el servicio militar y en quinto año de ingeniería electrónica, con lo cual me seleccionaron para manejar los equipos de comunicaciones. Onganía armó todo sin el permiso de Illia. Tanto es así que nosotros estábamos con el uniforme de la OEA puesto, rumbo al aeroparque militar por la General Paz. Onganía no tuvo más remedio, antes de que nos embarquemos, que pedirle autorización al Presidente. Illia le preguntó: “¿Cuántos hombres van?”, a lo que el militar le dijo: “Alrededor de 500”. Entonces, Illia le retrucó: “¿Y esos hombres qué van a hacer? ¿Les van a cebar mate a los yanquis?”, Onganía se dio vuelta y se fue, y toda la columna de tanques, camiones y jeeps dio la vuelta en la General Paz y volvió al cuartel. Se lo agradeceré toda la vida. Onganía, pocos meses después, dirigió el golpe que lo derrocó.

Duración: 100 minutos
Personajes: 7

PUESTAS

Elenco
Cristina Alberó
Alex Benn
Arturo Bonín
Miguel Dao
Mercedes Funes
Hernán Jimenez
Fabián Rendo

Diseño de vestuario: Soledad Cancela

Diseño de escenografía: Clara Notari

Diseño de luces: Hugo Colace

Música original: Raúl Parentella

Asistencia de dirección: Juan Arana

Producción general: Luis Cella

Dirección: Alberto Lecchi

Teatro: Teatro 25 de Mayo, Buenos Aires

Fecha de estreno: 10 de septiembre de 2009

2011: Estrenada con el título Don Arturo Illia

Elenco:
Luis Brandoni
Fabián Bagnato
Andrea Cantoni
Alejandro Cuesta
David Di Napoli
Nacho Gadano
Pacha
Manuela Pal

Dirección: Héctor Giovine

Producción: Luis Cella

Escenografía: Héctor Calmet

Diseño de luces: Héctor Calmet

Las dos puestas hicieron gira por el país.

OTROS ESPECTÁCULOS DEL AUTOR

CRÍTICAS

Crónica de un hombre honesto

El autor Eduardo Rovner, el director Alberto Lecchi y el actor Arturo Bonín hablan de la pieza que subirá a escena mañana

Vuelve el teatro político y, seguramente, la polémica. "Escribí la obra hace poco más de diez años, en la década del 90, que para mí fue nefasta; reinaban la corrupción, la ostentación y la entrega del país. Sentí que el personaje que se oponía totalmente a ese modelo era [Arturo Umberto] Illia, que, por un lado, era honestidad y austeridad sin ninguna duda, pero, por el otro, tuvo una política cargada de sensibilidad social y preocupada por la soberanía e independencia del país, demostradas por la ley de medicamentos, la anulación de los contratos petroleros de [Arturo] Frondizi, la distribución de la riqueza, la más alta de muchísimos años, para la clase trabajadora", asegura el dramaturgo Eduardo Rovner, que mañana estrenará en el Teatro 25 de Mayo su pieza Illia (¿Quién va a pagar todo esto?), dirigida por el cineasta Alberto Lecchi, con Arturo Bonín, acompañado por Patricia Viggiano, Mercedes Funes, Alex Benn, Fabián Rendo, Miguel Dao como Luis Caeiro (secretario general del mandatario), Hernán Jiménez y Daniel Ronconi, el director de fotografía Hugo Colace en la iluminación y Clara Notari en la escenografía.

En la mesa de café, paréntesis de un ensayo, el autor (recordado por obras como Volvió una noche, Almas gemelas y La sombra de Federico , entre más de treinta), acompañado por Lecchi, responsable, en cine, de El dedo en la llaga y El frasco, o en TV, de Epitafios, que incursiona por primera vez en la dirección teatral, y Bonín, quien compone al ex presidente de los argentinos entre 1963 y 1966, cuando fue derrocado por un golpe militar, hablaron con La Nacion acerca del lugar que la historia le viene negando a Illia. Según palabras del actor, el político fue "el primer presidente derrocado por los militares con una expresa complicidad de los medios de comunicación". Para Bonín "había al menos dos importantes revistas políticas respaldadas por el Ejército que instalaron que era lento como una tortuga o, según lo caricaturizaban, llevaba una paloma en la cabeza, como una verdad revelada. Ese es el momento en que, estoy convencido, los medios de comunicación empezaron a tener un papel determinante en el destino del país", asegura el actor.

Dos ejes
"Seguí dos ejes: por un lado, la vida privada y política, y por otro lado, el avance del golpe, porque había muchas teorías acerca de por qué los militares lo sacaron de su cargo. El tema de la tortuga, el de las palomas en la cabeza, de que no hacía nada… Quería que en la obra quedara en claro que no fue así. Por eso dice: «Nos sacan por lo que hicimos, no por lo que no hicimos». Todas sus medidas en pos de hacer un país soberano y emergente aceleraron la reacción del sector liberal que quería la entrega. Creo que con el golpe de [Juan Carlos] Onganía comienza la política de entrega que después se desarrolla durante el Proceso militar, y que la aparente democracia de [Carlos] Menem profundiza", dice Rovner. "También tengo razones emotivas", explica. "Como titular del Ejército, Onganía había arreglado con la OEA el envío de tropas a Santo Domingo en apoyo de la invasión yanqui, y yo estaba haciendo el servicio militar y en quinto año de ingeniería electrónica, con lo cual me seleccionaron. Onganía armó todo sin el permiso de Illia. Tanto es así que nosotros estábamos con el uniforme de la OEA puesto, rumbo al aeroparque militar por la General Paz. Onganía no tuvo más remedio que pedirle autorización, y fue. Illia le preguntó: «¿Cuántos hombres van?», a lo que el militar le dijo: «Alrededor de 500». Entonces, Illia le retrucó: «¿Y esos hombres qué van a hacer? ¿Les van a cebar mate a los yanquis?», Onganía se dio vuelta y se fue, y toda la columna dio la vuelta en la General Paz y volvió al cuartel. Se lo agradeceré toda la vida", recuerda. "El eje de su vida personal y política, y el del golpe en un momento se mezclan", concluye.

"Fue el primer presidente que juró con traje de calle, que en aquel tiempo era una audacia, pero también un signo de austeridad. Era un hombre al que le gustaba caminar la calle, a la vieja usanza, lo que hizo durante toda su vida. Como era médico, conocía el dolor y la necesidad de la mayoría de la gente. Por algo sus gastos de representación los donaba al Hospital de Hemoderivados de Córdoba", agrega Bonín. "De sus gastos reservados sólo guardó una partecita mínima para enviar a la Comedia Nacional, con Ollantay, a Francia", agrega Rovner. "No se trata de un hombre solo, sino de una excepción. Que vayan tres millones de estudiantes a la universidad no es noticia, pero que alguien le pegue un tiro a otro o fume paco sí. Lo que en su tiempo se reflejó de Illia era una versión parcializada e interesada", insiste Bonín. "En la primer escena del golpe –acota Rovner– Illia dice: «No estaban todos lo que tenían que estar». Solo él no estaba, pero la situación era difícil".

"No estaba en mis planes hacer teatro. Un día me llamó el productor Luis Cella y me hizo la propuesta. Primero le digo que no. Leo la obra; empiezo a charlar con Eduardo, y Cella me dice que, si en todas mis películas pude dirigir a los actores para lograr lo que quería, por qué no hacerlo en teatro. Y entonces, acepté", confiesa Lecchi. "Estamos hablando de un gran demócrata; después podemos hablar de sus cosas a favor o en contra. Me parece que a la distancia se puede concluir si fue eficiente o no, si era una tortuga o no y todas esas cosas. Era un gran demócrata en una sociedad en la que la democracia se ve devastada todos los días", confiesa.

"En cine, primero hago la puesta y después digo dónde va la cámara. Ahora hice la puesta. La cámara me la imagino. Es una experiencia apasionante", afirma.

"Ojalá sirva como disparador para empezar a reflexionar acerca de qué es hacer política, si uno aprueba o no determinadas actitudes. Esto es lo que al menos a mí me importa del teatro: que sirva para algo más que para entretener un ratito y llenar de aplausos a un grupo de actores arriba de un escenario", confiesa Bonín.

"Hay quienes dirán: «Es bueno que lo hayan derrocado porque era un tipo débil», y otros que pueden decir: "Su fortaleza radicaba en sus convicciones y no necesariamente tenía que salir con un revólver matando gente", concluye el actor.

Claudio D. Minghetti, Diario La Nación, 8/09/2009

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