SINOPSIS

Teodoro está en su habitación, y le indica a su perro Horacio, como sostener un espejo para que la luz de la luna se refleje en un marco que está en la pared. Una vez que lo logra, le recita a la luna los poemas que le escribió a Lulú, la niña de la que está enamorado y con quien se encontrará más tarde en el parque para obsequiarle sus poemas. Pero sus maniobras para poder observar la luna se ven obstaculizadas por la intervención de Candil, encargado de manejar los tiempos y sonidos del universo manejando una consola y girando una manivela que hace dar vueltas una rueda trayendo el amanecer, el mediodía, la tarde, la noche, etc. Candil ejerce su poder despóticamente, y obliga a Pico y a Plumero, dos pájaros amigos de Horacio, a que le traigan huevos de paloma para alimentarse.
Una vez que los niños se encuentran, y que Teodoro le entrega su regalo, Lulú suspira, mirá la luna, le da un beso a Teodoro y sale corriendo. A partir de ese momento, Teodoro más enamorando que nunca pasará el tiempo observando la luna, y hablándole a su perro Horacio de su amor por Lulú.
A la hora de ir a dormir la mamá le cuenta a Teodoro un cuento sobre una nena muy traviesa que un día se subió a un cohete y se fue a la luna. Pero esta historia no logra que el niño se duerma. Cuando Teodoro va al colegio al día siguiente y se encuentra con la noticia de que Lulú faltó, sin conocerse los motivos de su ausencia, recuerda rápidamente la historia que le había contado su mamá, la remera con un dibujo de la luna que la niña vestía y, convencido que Lulú se fue a la luna, decide, desesperadamente, hacer todo lo posible para ir a buscarla. Para ello construye un barrilete y toma la decisión de ir a remontarlo a la montaña azul, que es un lugar muy alto, acompañado por su perro Horacio.
Para llegar a ese lugar, Teodoro y Horacio, deben atravesar la ciudad que está cubierta por cables que no permiten ver el cielo. Sus habitantes, que se deslizan por dichos cables, no pueden ver la luna y muchos de ellos, quizás la mayoría, directamente no la conocen. Ante la demanda de Teodoro acerca de cómo llegar a la luna, se acercan algunos habitantes, “los barbudos”, quienes luchan contra el cableado de la ciudad para tener el derecho de observar la luna. Estos personajes realizan una manifestación en contra del cableado y por esa razón son perseguidos por la policía y repudiados por el resto de la población que no piensan lo mismo que ellos. Ante la persecución, “los barbudos” huyen, “iluminados” por la luna, junto a Teodoro y Horacio y deciden ir hacia el bosque para ver la luna.
Una vez en el bosque, Teodoro y su perro se separan de los “barbudos” para dirigirse a la montaña azul y remontar el barrilete, mientras los barbudos construyen un resguardo para quedarse en el bosque junto al río. A orillas del río, Teodoro mira hacia al cielo que está nublado y observa que la luna está totalmente tapada, entonces, decide darle una serenata. Después de entonar algunas canciones la luna aparece tímidamente, pero está triste y con lágrimas en los ojos. El niño se acerca a la luna con la ayuda de Pico y Plumero y le promete ir a buscarla.
De repente todo se oscurece y comienzan a sentirse ruidos extraños. Es Candil que desata una tormenta, a la vez que revolea un látigo llamando a Pico y Plumero. Estos deciden rebelarse y huyen ante los gritos de Candil que los reclama a gritos. Teodoro quiere acercarse a la luna para protegerla pero las maniobras de Candil lo perjudican. Este utiliza al sol, a la luna y a los cometas con el fin de encontrar a Pico y Plumero. Mientras tanto Lulú y la mamá de Teodoro, acompañada por un vecino, Don Pedro, llegan al bosque en busca del niño.
Finalmente, Teodoro y su perro llegan a la montaña azul e intentan varias veces lanzar el barrilete, ayudados por una máquina lanzadora. Cuando hacen el tercer intento, recibiendo la ayuda de Pico y Plumero, aparece Lulú. Candil les lanza un cometa que ellos logran esquivar, pero que culmina dañando a la luna que comienza a caer. Los niños bajan y Teodoro se reencuentra con Lulú, quien, junto a Horacio, Pico y Plumero, cura a la luna con una hebilla. Los dos pájaros le lanzan, a Candil, el cometa que dañó a la luna, haciendo que el mismo se lo lleve por el espacio. Una vez que la luna está a salvo la colocan nuevamente en su lugar por medio del barrilete y el lanzador. Teodoro, Horacio, Lulú, Pico y Plumero abrazados, miran felices la luna. La mamá, don Pedro y “los barbudos” los observan.
La obra plantea el conflicto entre la luna: poesía, amor, fantasía, ilusiones, utopías y el intento cultural pragmático de destruirla.

Para títeres
Duración
: 80 minutos.

PUESTAS

Elenco
Grupo de titiriteros del Teatro San Martín:
María José Loureiro, Guillermo Roig, Roberto Docampo, Alejandra Farley, Mabel Marrone, Eleonora Dafcik, Alejandra Castillo, Hernesto Mussano, Silvia Galván, Ariadna Bufano.

Asistencia de dirección:
Beatriz Borquez

Musicalización: Adelaida Mangani

Diseño de sonido
: Iván Grigoriev

Creación y Realización de mecanismos de los títeres: Roberto Docampo, Alejandra Farley

Diseño de luces: Miguel Morales

Diseño de escenografía sobre bocetos de Luis Felipe Noé: Julieta Ascar

Diseño de vestuario de titiriteros: Julieta Ascar

Concepción plástica de la escenografía y diseño de títeres: Luis Felipe Noé

Colaboradora de Luis Felipe Noé: Elena Nieves

Dirección: Adelaida Mangani

Teatro: Sala Casacuberta, Teatro San Martín

Fue puesta también en Mar del Plata por un elenco de esa ciudad, y en Bratislava, Eslovaquia, dirigida por Aniq von D.

OTROS ESPECTÁCULOS DEL AUTOR

CRÍTICAS

“Apreciar esta puesta dedicada a los niños pero que entretiene a grandes y chicos por igual, es un placer por la calidad de todos los elementos que juegan en el espacio escénico. Desde la manipulación de títeres que es un mágico ritual por el que jóvenes dan vida, voz y gestos a exquisitos muñecos, hasta la bella escenografía que integra modernidad, belleza y funcionalidad.”
“Teodoro y la luna habla de todo un poco, de la posibilidad de soñar y emprender aventuras locas en un mundo conflictivo y abierto a cualquier desastre exterior, de la fuerza de la unión y la cooperación, del respeto a la ecología...”
“Muñecos exquisitamente diseñados, la obra tiene un segundo personaje que se devora por su encanto al resto del elenco y es ese Horacio, perro razonador, escéptico y prudente, amortiguador de las audacias de su dueño. Sus diálogos con Teodoro y los pajarracos chismosos retrotraen a un humor medieval y renacentista de resonancias picarescas donde el Quijote y el Lazarillo se dan la mano mientras que el cohete incrustado en la pobre luna remite al Melies fantasioso de Viaje a la luna.
La directora Adelaida Mangani con una obra inteligente de múltiples temas no dejó cabo por atar, música clásica y popular, cuidada iluminación y efectos especiales transforman estos 70 minutos en un delicioso entretenimiento.”
Isabel Croce-La razón

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