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| Compañía |
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Personajes: 3 Escenografía:
1 Duración: 75 min. Vestuario:
actual.
La obra comienza con un personaje, Osvaldo, que intenta
contarle a Ana, su esposa, el encuentro que ha tenido
ese día con otra mujer. A partir de ese momento,
la situación crece con él queriendo compartir
con ella ese sentimiento tan importante y ella no queriendo
que su marido siga adelante alegando, entre otras cosas,
que es su esposa, no un amigo. A pesar de todo, Osvaldo
insiste, hasta plantear, inocentemente, la posibilidad
de vivir los tres juntos con el argumento de que después
de tantos años de casados y habiéndose ido
ya los hijos, resolverían, por un lado, el problema
de soledad que tienen como pareja y, por otro, el de aquella
mujer, que también se encuentra sola.
Imprevistamente aparece Magda, la otra mujer, quien, invitada
por Osvaldo, viene a festejar su cumpleaños en
la casa de ellos dado que no tiene con quien hacerlo.
Ante la resistencia y exasperación de Ana frente
a su presencia y a la propuesta, deciden atarla a una
silla, la amordazan y amenazándola con una aguja
de tejer tratan de convencerla, exaltando la necesidad
de compañía y la solidaridad, de lo beneficioso
que sería, también para ella, vivir los
tres juntos. En un momento, Ana logra que la liberen,
se apodera de la aguja y pasa a perseguirlos a Osvaldo
y a Magda. La acción se desarrolla en un juego
incesante donde van cambiando quienes amenazan y cuestionan
a los demás hasta llegar a un final en el que,
después de expresar, los tres, sus miedos y sus
deseos, se disponen a festejar juntos el cumpleaños.
La obra intenta plantear el conflicto entre los deseos
del hombre, sus pasiones, y las estructuras culturales
que no le permiten expresarlos y vivirlos, obligándolo,
en cambio, a ocultarlos.
También trata de cómo la posibilidad de
la pérdida del afecto de un ser querido o la desesperada
necesidad de compañía pueden transformar
a la persona más generosa y, aparentemente, más
inofensiva, en alguien capaz de llegar a situaciones límites
de violencia con el fin de retener al otro o de no sentir
la humillación y la angustia de ser abandonado
y, en definitiva, el miedo a la soledad. Compañía
fue premiada por la Municipalidad de la Ciudad de Buenos
Aires y ganó el Premio ACE de la Asociación
de Cronistas del Espectáculo.
Fue editada por Editorial De la Flor, en el Tomo 1 de
las obras de Eduardo Rovner. También por la Revista
Gestos de la Universidad de Irvine, California, USA; por
Girol Books, de Canadá y por la Revista Primer
Acto de España. |
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| 1995 | Buenos
Aires |
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Elenco
Carlos Carella
María Fiorentino
Linda Peretz Escenografía
Guillermo de la Torre
Dirección
Ismael Hasse
Teatro
Cátulo Castillo
Fue presentada, en 1995, en Tijuana, México
y, en 1996, en Montevideo, Uruguay. También
en el Teatro Nacional de Bogotá, Colombia,
donde fue repuesta en esta temporada y en Costa
Rica. En 1997 se representó en la ciudad
argentina de Mar del Plata con Cipe Lincovsky, Carlos
Carella y Linda Peretz y en San Juan de Puerto Rico.
Se representó, en 1998, en Jaén, España,
y Medellín, Colombia. En julio del 2000 fue
estrenada en Galicia, en “galego”, en
el marco del Festival Internacional de Teatro de
Rivadavia, donde sigue en cartel. En julio del 2001
en Nueva York en el Teatro La Tea de Manhatan
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Gerardo Fernández- Clarín
“Tres a quererse” “Sucede
con bastante frecuencia con las obras extranjeras,
y más aún con los clásicos.
Pero no suele pasar, con los autores nacionales,
que una pieza parezca bastante mejor en la lectura
que en la representación. Y no precisamente
porque el texto sea muy bueno pero presente insalvables
dificultades de montaje, sino porque se le adivinan
potencialidades dramáticas y vertientes de
significación que la versión no explora
o no proyecta adecuadamente.
Tal es el caso de Compañía. El más
reciente estreno de Eduardo Rovner parece ser, asimismo,
el caso de una pieza más trascendente de
lo que cree su propio autor o, siquiera, de lo que
el pudor le permite declarar. (...)
Lo que comenzó siendo un divertido cuadro
realista- naturalista se va tensando, desfigurando,
exasperando hasta alcanzar extremos de absurdo y
de violencia que mucho más que con Ionesco,
se emparentan y se definen por comparación
con el teatro de un admirado –y admirable-
colega británico, Harold Pinter. En efecto,
no sólo las situaciones, sino el juego mismo
de las palabras y su concatenamiento, tienen esa
ambigüedad inquietante, esa larvada ferocidad
que caracteriza la escritura del autor de Viejos
tiempos.
De ese modo y paso a paso, Compañía
va trascendiendo la problemática de la pareja
(que Rovner exploró desde su primera obra,
hace ya veinte años) y se va convirtiendo
en un ominoso cuadro de la enajenada agresividad
del hombre contemporáneo.”
Luis Mazas - La Razón- 14/6/96
“Soledad para tres” “(...)
Con una hábil oscilación entre la
comedia de situaciones y el grotesco, esta pieza
de Rovner ausculta sobre la pareja humana, recrea
ese virtual sentido de inadptabilidad entre el hombre
y su existencia en el mundo. Es decir, un contraste
irreductible entre su esencia y su existencia. No
hay pirotecnia vana en Compañía sino
más bien genuinos recursos, que transforman
a la obra en un válido testimonio de nuestro
tiempo. Lo que importa, como natural decantación
de esta propuesta, es la voz que se alza contra
cualquier forma de hipocresía y, también,
contra los indiferentes de la vida.
El dramaturgo ha construido así una obra
de interés, a la vez que inquietante. El
humor se convierte en disfraz de un patetismo que
a veces sobrecoge.
(...) Compañía replantea una dolorosa
visión, casi un espejo de los afectos, algo
así como un ensayo sobre la desgracia de
la felicidad: el paso del tiempo.”
La Corte- Julio 1996
“Los deseos censurados”
“Una mirada imaginativa sobre los conflictos
interiores en Compañía de Eduardo
Rovner en la Sala Cátulo Castillo”
Como toda temática universal, la
de los deseos merece que se hable en extenso de
ella y de las historias que se tejen en su seno
y la pieza Compañía de Eduardo Rovner
es una fiel representante de los conflictos que
generan en los hombres la contraposición
de sus deseos contradictorios, tal vez.
El texto de la obra es preciso y pausado, firme
e interesante por su contraposición de lo
desopilante con lo cotidiano y lleno de maravillosos
silencios que se convierten en un segundo y revelador
diálogo.” El Cronista-
14/6/96
Jorge Dubatti
“Comedia negra de Eduardo Rovner”
“Un triángulo de convivencia entre
la ley y las fuerzas del deseo” “Compañía
encarna el conflicto entre la ley y el deseo. Así
lo ha explicado alguna vez su autor, Eduardo Rovner:
“En Compañía aparece algo que
está en casi todas mis obras: el conflicto
entre las fantasías o las pasiones del hombre
y las estructuras que intentan ceñir sus
sueños”. La estructura es, en este
caso, la institución matrimonial, con su
estatuto consuetudinario de deberes y derechos.
Rovner imagina una quiebra de dicho estatuto por
la apertura de una pareja tradicional hacia un extraño,
muy especial menage a trois, cuyo fundamento de
valor no radica en el impulso sexual sino en la
necesidad de acompañar y sentirse acompañado.
Rovner lo justifica filosóficamente: “
En mis obras me gusta jugar con la posible ruptura
(de las estructuras) porque creo que hay una tendencia
inevitable en la historia de la humanidad: la de
la lucha permanente entre las leyes y las pasiones
del hombre. Las pasiones humanas hacen que las leyes
se rehagan y las nuevas formulaciones de las leyes
vuelven a ceñir las pasiones intentando reordenar
el caos”. Este es el trasfondo problemático
de Compañía, que trabaja constantemente
la tensión entre la ingenuidad del planteo
de Osvaldo (la posibilidad de que él, su
esposa Ana y la recién, apenas conocida Magda
puedan vivir juntos), como expresión rotunda
de la naturaleza pura y brutal de la fantasía,
y la violencia del enfrentamiento del deseo con
las estructuras culturales. El choque genera una
mezcla de horror y risa, estallidos de comedia negra
que Rovner maneja con notable firmeza de oficio
dramatúrgico.” La
Razón- 6/6/96
Maritza Lizet Gueler
“Pelea por la felicidad”
“(...) “Osvaldo es un romántico
–advierte Carella- que trae un elemento que,
para la sociedad actual es perturbador, dice la
verdad. Siempre mantuvo una relación correcta
con su mujer, fue un hombre fiel. Sin embargo, más
allá de la anécdota, Compañía
apunta a algo más profundo que tiene que
ver con lo que va perdiendo el hombre en relación
con una sociedad que devuelve cada vez menos cosas,
y entre las que devuelve, están el estrés,
el cansancio, al imposibilidad de una buena relación.”
“La obra, -acota Hase- se plantea como una
provocación que puede despertar acuerdos
o desacuerdos, solidaridad hacia la situación
que se vive, comprensión o rechazo. Cualesquiera
de esas manifestaciones son bienvenidas, cualesquiera
de ellas, menos la indiferencia. De una manera o
de otra, el espectador tomará partido desde
la platea. Sin duda, Compañía es una
pelea legítima por la felicidad.”
Página 12 11/6/96
Hilda Cabrera
“Eduardo Rovner: veinte años de teatro
nacional” “Hace veinte
años, establecida ya la dictadura militar,
el dramaturgo Eduardo Rovner estrenaba por primera
vez una obra suya Una pareja (...). Rovner escribía
por entonces obras cortas negras, como Una foto
(...). “Tomaba una situación y empezaba
a enrarecerla”, rememora en una entrevista
con Página 12 a horas del estreno de otra
pieza suya. Se trata de Compañía,
que no es precisamente negra como aquellas, aunque
sí enrarecida a través de lo que el
autor denomina “escaloncitos de extrañamiento”
(...) “propone un juego solidario desde los
sentimientos, y no desde la reflexión, porque
si uno lo piensa un poco, tiraría a la invitada
por la ventana”, según Rovner. No importa
entonces si esa mujer es real o producto de una
ensoñación, “lo que interesa
es que el espectador ejercite la doble mirada, que
algo pueda ser esto y lo otro, de modo que en esa
escalera de extañamientos cada peldaño
sea a un mismo tiempo raro y natural.”
(...) Ex director del Teatro General San Martín,
técnico en electromedicina (trabajó
en contacto con lisiados graves), psicólogo
social y músico, Rovner cuenta que escribe
como si se tratase de una partitura. Cuarteto y
Tinieblas de un escritor enamorado fueron inspiradas
en la música. “En Tinieblas...(estrenada
en 1994) me di el gusto de colocar entre escena
y escena composiciones para violín y piano,
de las que yo había tocado alguna vez. Son
jueguitos...”. En Compañía se
conforma con un tango. En esta obra (...) “enrarecida”
con toques de humor, absurdo y violencia, se escuchará
sólo el famoso tango “Remembranzas”.
El crescendo habrá que buscarlo en la acción.”
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| 1996 | Uruguay |
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Últimas Noticias- 4/5/96
“La Gaviota anuncia Compañía”
Eduardo Rovner es un autor ampliamente conocido
en Montevideo (...). El teatro de Rovner tiene la
característica de emplear la clave humorística
para plantear la necesidad de recuperación
de los afectos como forma de solución a todos
los conflictos actuales. En Compañía
se analiza la relación matrimonial, huyendo
de los análisis sin esperanza hacia un tono
diferente lleno de posibilidades de reconciliación”.
El Diario- 16/5/96
“Con el toque de Denevi mañana se estrena
Compañía” “(...)
Compañía intenta plantear el conflicto
entre los deseos del hombre, sus pasiones, y las
estructuras culturales que no le permiten expresar
y vivir muchos de ellos.
También trata de cómo la posibilidad
de la pérdida del afecto de un ser querido
o la desesperada necesidad de compañía
pueden transformar a la persona más generosa
y, aparentemente más inofensiva, en alguien
capaz de llegar a situaciones límite de violencia
con el fin de retener al otro o de no sentir la
humillación y la angustia de ser abandonado
y, en definitiva el miedo a la soledad.
El conocido dramaturgo Roberto Cossa ha dicho en
el programa que en Casa de muñecas la protagonista,
Nora, le dice a su esposo sobre el final de la obra:
“Sentáte, Teorvaldo, tenemos que hablar”.
Según los entendidos ese bocadillo marcó
el comienzo del teatro contemporáneo. Más
de medio siglo después, un señor llamado
Osvaldo llega a su casa de clase media de la ciudad
de Buenos Aires y le dice a su esposa: “No
sabés lo que me pasó”. Y así
empiezan las peripecias de Compañía.
Nora clausura la historia. Osvaldo la abre.
En tiempos diferentes en claves distintas, ambas
obras nos hablan sobre las costumbres de sus gentes,
sus soledades, sus pequeñas hipocresías.
Ibsen construyó un drama social. Rovner transita
con toda libertad por el absurdo y el grotesco.”
Rayuela- 23/5/96
Sergio Dotta
“Solitario triángulo”
Son seres patéticamente solos: humanos que,
casi sin darse cuenta, han perdido la capacidad
de comunicarse, transcurren por la vida con su carencia
a cuestas, con su soledad y su vacío afectivos.
(...) Una vez más, Rovner nos regala con
una arquitectura dramática sólida
y sugerente, donde las alusiones tienen más
fuerza que los diálogos pese a que estos
tienen un chisporroteo por momentos alucinante y
son, en todos los casos, de una calidad infrecuente.
Después de “Volvió una noche”
(un prodigio de ternura y onirismo), el autor argentino
muestra otra vez un gran amor por sus criaturas:
las acompaña, las justifica y siempre responde
por ellas. Indudablemente el nombre de Rovner está
indisolublemente ligado a la mejor dramaturgia rioplatense
contemporánea. Hay humor en “Compañía”;
pero esa gracia se presenta en pinceladas patéticas,
como una defensa que el espectador debe asumir ante
el dolor que le provoca la realidad más profunda
que se presenta en el escenario.”
Jorge Arias- La República- 27/5/96
“El complejo contenido de un triángulo
sin puntas”
El teatro de Eduardo Rovner vive de difíciles
equilibrios. Todas sus obras son un compromiso,
a menudo entre lo real y lo irreal, entre la vida
cotidiana y la fantasía; pero también
aparece en sus obras otra dimensión, la relación
dialéctica entre el ser y el deber ser, que
añade tensión al par realidad-fantasía.
Diríamos que Rovner, con su agudo sentido
de nuestra realidad cotidiana, es un comediógrafo
realista con algo de filósofo y otro poco
de santo. Como Wilde cree que el mapa del mundo
no está completo sin el país de Utopía,
y como Chejov cree que la realidad se integra con
lo que va a ser y con lo que debe ser. Uno de los
ejemplos más claros y más valiosos
es Compañía, que acaba de estrenarse
en Montevideo y se presentará de inmediato
en Buenos Aires y Bogotá. El espectador presencia
la llegada a casa del marido (...) un funcionario
y poeta a sus ratos que cuenta a su esposa (...)
su encuentro con otra mujer. Por momentos creemos
estar ante un sainete o una comedia realista: pero
de inmediato la realidad parece abrirse y se empiezan
a percibir luces que vienen de un más allá.
Rovner alterna los cabos y cables a tierra con renovadas
dosis de fantasía, de modo que el espectador
va absorbiendo la irrealidad como por gotas: a medida
que las absorbe, el autor propone cuatro pasos más
en las nubes hasta transportar al público
a un clima enrarecido e irreconocible (...).
Al mismo tiempo Rovner plantea problemas de conducta,
enfrenta al público consigo mismo, al hacerle
sentir casi razonable lo inadmisible y al forzarlo
a cuestionar muchos de los supuestos de su existencia.
Si nuestra meta es el placer, la felicidad sensorial
inmediata, ¿ por qué ser fieles en
el matrimonio? Si puede existir la felicidad de
a tres, ¿por qué? No intentarlo? Todo
en el teatro aprovecha la energía de la ética
y la fuerza huracanada que liberan nuestros choques
con ella; y Rovner se instala en el ojo de la tormenta.
Su diálogo es simple y firme, siempre relevante
en su deliberada sencillez; las escenas se arman
y desarman con facilidad y la expectativa está
siempre presente y nunca es defraudada. Ante un
público que rara vez aplaude a telón
abierto, Compañía gozó varias
veces de este homenaje excepcional.” |
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| 1996 | Santa
Fe de Bogotá, Colombia |
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Vivir, la Prensa- 5/6/96
“Tres son compañía”
“Es una obra que se disfruta de principio
a fin. Sin necesidad de elementos escenográficos,
trucos y montajes. Compañía plantea
de una manera irónica y con mucho humor negro,
la anécdota de una pareja que luego de 25
años de matrimonio siente cómo la
soledad los invade (...).
Original del dramaturgo argentino Eduardo Rovner
(...). A partir de un texto, que es bastante descomplicado,
simple y no muy profundo filosófica, ni dramáticamente,
se ahonda en lo que piensan y sienten los personajes
cuando se les hace una propuesta extraña,
que los descoloca frente a todo lo convencional,
a lo que ellos son como entes sociales. El concepto
de completud, parecería ser una necesidad
de la existencia del amor. Se busca, entonces, en
la idea de compartir con terceros la propia relación
de la pareja establecida, en un triángulo
donde además cada uno tendría que
permitir y acceder a la individualidad de los otros,
con el único propósito de que la soledad
que a todos nos cobija, sea una soledad acompañada,
y de que el ser individual logre su plena realización”.
Programa de mano Teatro Nacional de
Bogotá, Colombia
Vicky Hernández
“La condición humana, inmutable, encuentra
cuestionamientos nuevos para sentimientos eternos.
La pareja como materialización del amor no
parece bastar para que los individuos puedan realizar
sus deseos, apetencias y anhelos, para que puedan
expresar su ser de manera completa. El concepto
de completud, parecería ser una necesidad
de la existencia del amor. Se busca, entonces, en
la idea de compartir con terceros la propia relación
de la pareja establecida, en un triángulo
donde, además, cada uno tendría que
permitir y acceder a la individualidad de los otros,
con el único propósito de que la soledad
que a todos nos cobija, sea una soledad acompañada,
y de que el ser individual logre su plena realización.” |
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| 2002 | New York |
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Elenco
George Bass
Teresa Yenque
Vivian Deangelo
Dirección:
Nelson Landrieu
Teatro
IATI, New York, USA |

Total Theater "Una produccion
directa y animada". |
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