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| Teodoro y la luna |
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Para títeres
Duración: 80 minutos
Teodoro está en su habitación, y le indica
a su perro Horacio, como sostener un espejo para que la
luz de la luna se refleje en un marco que está
en la pared. Una vez que lo logra, le recita a la luna
los poemas que le escribió a Lulú, la niña
de la que está enamorado y con quien se encontrará
más tarde en el parque para obsequiarle sus poemas.
Pero sus maniobras para poder observar la luna se ven
obstaculizadas por la intervención de Candil, encargado
de manejar los tiempos y sonidos del universo manejando
una consola y girando una manivela que hace dar vueltas
una rueda trayendo el amanecer, el mediodía, la
tarde, la noche, etc. Candil ejerce su poder despóticamente,
y obliga a Pico y a Plumero, dos pájaros amigos
de Horacio, a que le traigan huevos de paloma para alimentarse.
Una vez que los niños se encuentran, y que Teodoro
le entrega su regalo, Lulú suspira, mirá
la luna, le da un beso a Teodoro y sale corriendo. A partir
de ese momento, Teodoro más enamorando que nunca
pasará el tiempo observando la luna, y hablándole
a su perro Horacio de su amor por Lulú.
A la hora de ir a dormir la mamá le cuenta a Teodoro
un cuento sobre una nena muy traviesa que un día
se subió a un cohete y se fue a la luna. Pero esta
historia no logra que el niño se duerma. Cuando
Teodoro va al colegio al día siguiente y se encuentra
con la noticia de que Lulú faltó, sin conocerse
los motivos de su ausencia, recuerda rápidamente
la historia que le había contado su mamá,
la remera con un dibujo de la luna que la niña
vestía y, convencido que Lulú se fue a la
luna, decide, desesperadamente, hacer todo lo posible
para ir a buscarla. Para ello construye un barrilete y
toma la decisión de ir a remontarlo a la montaña
azul, que es un lugar muy alto, acompañado por
su perro Horacio.
Para llegar a ese lugar, Teodoro y Horacio, deben atravesar
la ciudad que está cubierta por cables que no permiten
ver el cielo. Sus habitantes, que se deslizan por dichos
cables, no pueden ver la luna y muchos de ellos, quizás
la mayoría, directamente no la conocen. Ante la
demanda de Teodoro acerca de cómo llegar a la luna,
se acercan algunos habitantes, "los barbudos", quienes
luchan contra el cableado de la ciudad para tener el derecho
de observar la luna. Estos personajes realizan una manifestación
en contra del cableado y por esa razón son perseguidos
por la policía y repudiados por el resto de la
población que no piensan lo mismo que ellos. Ante
la persecución, "los barbudos" huyen, "iluminados"
por la luna, junto a Teodoro y Horacio y deciden ir hacia
el bosque para ver la luna.
Una vez en el bosque, Teodoro y su perro se separan de
los "barbudos" para dirigirse a la montaña azul
y remontar el barrilete, mientras los barbudos construyen
un resguardo para quedarse en el bosque junto al río.
A orillas del río, Teodoro mira hacia al cielo
que está nublado y observa que la luna está
totalmente tapada, entonces, decide darle una serenata.
Después de entonar algunas canciones la luna aparece
tímidamente, pero está triste y con lágrimas
en los ojos. El niño se acerca a la luna con la
ayuda de Pico y Plumero y le promete ir a buscarla.
De repente todo se oscurece y comienzan a sentirse ruidos
extraños. Es Candil que desata una tormenta, a
la vez que revolea un látigo llamando a Pico y
Plumero. Estos deciden rebelarse y huyen ante los gritos
de Candil que los reclama a gritos. Teodoro quiere acercarse
a la luna para protegerla pero las maniobras de Candil
lo perjudican. Este utiliza al sol, a la luna y a los
cometas con el fin de encontrar a Pico y Plumero. Mientras
tanto Lulú y la mamá de Teodoro, acompañada
por un vecino, Don Pedro, llegan al bosque en busca del
niño.
Finalmente, Teodoro y su perro llegan a la montaña
azul e intentan varias veces lanzar el barrilete, ayudados
por una máquina lanzadora. Cuando hacen el tercer
intento, recibiendo la ayuda de Pico y Plumero, aparece
Lulú. Candil les lanza un cometa que ellos logran
esquivar, pero que culmina dañando a la luna que
comienza a caer. Los niños bajan y Teodoro se reencuentra
con Lulú, quien, junto a Horacio, Pico y Plumero,
cura a la luna con una hebilla. Los dos pájaros
le lanzan, a Candil, el cometa que dañó
a la luna, haciendo que el mismo se lo lleve por el espacio.
Una vez que la luna está a salvo la colocan nuevamente
en su lugar por medio del barrilete y el lanzador. Teodoro,
Horacio, Lulú, Pico y Plumero abrazados, miran
felices la luna. La mamá, don Pedro y "los barbudos"
los observan.
La obra plantea el conflicto entre la luna: poesía,
amor, fantasía, ilusiones, utopías y el
intento cultural pragmático de destruirla. |
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| 2004 | Buenos Aires
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Elenco
Grupo de titiriteros del Teatro San Martín:
María José Loureiro, Guillermo Roig, Roberto
Docampo, Alejandra Farley, Mabel Marrone, Eleonora Dafcik,
Alejandra Castillo, Hernesto Mussano, Silvia Galván,
Ariadna Bufano.
Asistencia de dirección:
Beatriz Borquez
Musicalización: Adelaida Mangani
Diseño de sonido: Iván Grigoriev
Creación y Realización de mecanismos
de los títeres: Roberto Docampo, Alejandra
Farley
Diseño de luces: Miguel Morales
Diseño de escenografía sobre bocetos
de Luis Felipe Noé: Julieta Ascar
Diseño de vestuario de titiriteros:
Julieta Ascar
Concepción plástica de la escenografía
y diseño de títeres: Luis Felipe
Noé
Colaboradora de Luis Felipe Noé: Elena
Nieves
Dirección: Adelaida Mangani
Teatro: Sala Casacuberta, Teatro San
Martín
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“Apreciar esta puesta dedicada a los niños
pero que entretiene a grandes y chicos por igual, es
un placer por la calidad de todos los elementos que
juegan en el espacio escénico. Desde la manipulación
de títeres que es un mágico ritual por
el que jóvenes dan vida, voz y gestos a exquisitos
muñecos, hasta la bella escenografía que
integra modernidad, belleza y funcionalidad.”
“Teodoro y la luna habla de todo un poco, de la
posibilidad de soñar y emprender aventuras locas
en un mundo conflictivo y abierto a cualquier desastre
exterior, de la fuerza de la unión y la cooperación,
del respeto a la ecología...”
“Muñecos exquisitamente diseñados,
la obra tiene un segundo personaje que se devora por
su encanto al resto del elenco y es ese Horacio, perro
razonador, escéptico y prudente, amortiguador
de las audacias de su dueño. Sus diálogos
con Teodoro y los pajarracos chismosos retrotraen a
un humor medieval y renacentista de resonancias picarescas
donde el Quijote y el Lazarillo se dan la mano mientras
que el cohete incrustado en la pobre luna remite al
Melies fantasioso de Viaje a la luna.
La directora Adelaida Mangani con una obra inteligente
de múltiples temas no dejó cabo por atar,
música clásica y popular, cuidada iluminación
y efectos especiales transforman estos 70 minutos en
un delicioso entretenimiento.”
Isabel Croce-La razón
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