Tinieblas de un escritor enamorado
 

Personajes: 7
Escenografía: 1
Duración: 90 min.
Vestuario: uno actual y otros "diferentes".

Tinieblas… narra la historia de un escritor: Ernesto, quien mientras escribe un cuento en el que él mismo busca a su amor en la muerte, muere o quizás queda atrapado por su fantasía.
Lo recibe, en ese mundo incierto, Adelaida, una vieja que le insiste que debe intentar una nueva vida, y además quiere quedarse con él, no porque lo ame -ridiculeces del otro mundo- sino porque en el tugurio (nombre arbitrario de los lugares donde residen los que llegan) de él cae, permanentemente, tierra de una grieta del techo, mientras en el de ella hay un cráter con fuego que la llena de cenizas y lava y está harta de deambular tan sucia.
Al irse Adelaida llega Dionas, quien se presenta como el arreglador de grietas, pero después resulta ser una especie de diablo extraño e inseguro. Dionas, después de contar su singular historia, atraído por Ernesto, le ofrece encontrar a su mujer a cambio de que lo ame a él. Frente al azoramiento de Ernesto, intenta seducirlo-convencerlo alegando que ésta es la última oportunidad para probar otras cosas en su existencia y, para mejor, sin el riesgo de la valoración que tendría amar un hermafrodita en la vida. Frente a la cerrada negativa de Ernesto, Dionas se transforma en una mujer bellísima. Melba, el amor de Ernesto, se asoma y presencia la escena. Ernesto duda, pero finalmente no acepta. Melba desaparece.
Luego aparecen sus padres muertos, quienes lo esperaban ansiosamente porque se sentían muy solos y con miedo a pudrirse de soledad. Después de una escena en que se juegan recuerdos y reproches de hechos acaecidos en la vida, Ernesto, por compasión, no les dice que busca a Melba, su amor, sino que volvió por ellos. Melba también presencia esto.
Aparece, después de ellos Laura quien, siendo muy joven, lo amó desesperadamente y murió sin poder declararle su amor. Lo esperó toda la muerte para hacerlo, pero conciente de que él no la ama y temerosa de su contestación, no le pide amor, sino que sólo le diga: te amo. El, finalmente se lo dice, convencido que las letras y las palabras en sí mismo no significan nada. Pero Melba, nuevamente asomada, lo escucha.
En el final de la obra Adelaida le dice que encontró a Melba en el momento en que se disponía a perderse sin rumbo porque lo escuchó decir a otra mujer: te amo, dudar si amar a un hermafrodita, y afirmarle a los padres que volvió por ellos.
Ernesto, desesperado, grita que es todo mentira, que lo que sucedió es fruto de su imaginación, que ninguno de ellos existe, que han sido todas peripecias de un cuento fantaseado y parte a buscarla.
En el momento en que la encuentra, reconoce que es verdad lo que ella vió y escuchó, pero le explica que fueron palabras vacías dichas a almas en pena y que además, ella sabe que él, por miedo, a veces miente. Ella lo escucha y, sobre las miradas de ellos, la luz se desvanece.
La obra intenta, por un lado, contar los riesgos del heroico, romántico y mítico dejarse morir en busca del amor eterno. Y, por otra parte, nos dice que uno de los anhelos más dramático de la condición humana es el ser aceptado y querido. Y es en la desesperación de concretar ese anhelo que muchas veces somos capaces de mentir, de conceder, en última instancia, de postergar indefinidamente nuestros mayores deseos.
Tinieblas de un escritor enamorado fue editada, por Editorial De la Flor, de Buenos Aires, en el Tomo 3 de las obras de Eduardo Rovner. También lo fue por la Revista Gestus de Colombia y por la Editorial Tablados, de México.
 
1994 | Buenos Aires
       
 

Dirección
Adelaida Mangani

Teatro
Teatro Liberarte




El Cronista Comercial- Octubre de 1994
“El encanto de una obra de Rovner” por Jorge Dubatti

“Con una inédita vuelta de tuerca al expresionismo subjetivo ya presente en Sueños de náufrago (1985), en su nueva obra Tinieblas de un escritor enamorado Eduardo Rovner combina eficazmente aquel artificio anterior de la objetivación en escena del “mundo interior” de su personaje con la estética de la comedia de magia, es decir, la que integra en su relato criaturas “reales” con otras “fantásticas”, de naturaleza maravillosa.
Gracias a un efectivo juego de ambigüedad (que también preside el desenlace, a completar con la libre toma de posición de cada espectador), nunca se resuelve del todo si Ernesto (el escritor desesperado por la muerte de su mujer) ha descendido efectivamente al mundo subterráneo o todo sucede en el espacio de su espíritu. La hermosa obra de Rovner tiene así un doble estatuto: despliega un viaje escatológico (una catábasis, a la manera del descenso infernal de Orfeo, de Ulises en la Odisea o de Dante en la Divina Comedia, pero en clave paródico-humorística) y un viaje interior, simultáneamente. (...)”

Página 12- Septiembre de 1994
“Muñecos entre tinieblas” por Hilda Cabrera

“(...) Trenzando imágenes y texto, Rovner propone una fábula con dimensión metafísica a partir de un lenguaje cotidiano, aunque sublimado por una copiosa simbología. En la ficción, el protagonista se desvive escribiendo cuando, en realidad, ansía desvivirse por amor. Este empeño del personaje puede sin embargo tener otros contenidos, tantos como los que quieran imaginar los espectadores de Tinieblas, que es en última instancia un cuento sin final.(...)”

La Razón- Octubre de 1994
“Largo viaje en busca de Laura” por Carlos Llorens

“(...)Si algo turba y perturba, ésa es la barrera que nos separa de “el otro lado de la vida”. Aceptada como un postulado geométrico para sostener el edificio de la esperanza, la eternidad sólo puede ser admitida si prolonga nuestros amores. Eduardo Rovner se aventura en esa zona resbalosa para reflexionar una vez más sobre sí mismo, su justificación de trascendencia; una tentación a la que han sido muy proclives los grandes héroes míticos, desde que el mundo es mundo (Orfeo, Tristán y compañía).
Su nuevo trabajo escénico Tinieblas de un escritor enamorado, que acaba de ver la luz en la sala Liberarte, lo muestra inmerso en esa necesaria etapa de introyección que se atraviesa al cruzar la línea media de la vida. Ese tiempo en el que los seres humanos buscan armonizar con el mundo, descubren el discreto encanto de lo relativo; admiten de buena gana la derrota de las grandes palabras definitivas.
Su alter ego, Ernesto, es un escritor que cae dentro del relato que él mismo escribe, atraviesa el umbral tan temido de la muerte, en persecución de su amada Laura. Llegará a un nebuloso limbo habitado por criaturas dispuestas ayudarlo a cambio de (...) amor. Adelaida, una pragmática resignada que todo lo pide a cambio de algo. Dionas, un oscuro demiurgo guardián de deseos prohibidos, emociones abortadas. También el fantasma de Melba, insospechada alma en pena por amor no correspondido. Y, por fin, los propios padres del héroe, espejo de la propia voluntad del protagonista por aferrarse a un amor similar, “eterno”, para protegerse contra el vértigo de la soledad desnuda.
En rigor, Rovner viene desarrollando en sus últimos trabajos de dramaturgia un rescate del mundo paterno. Sobre él arroja una mirada comprensiva, componedora; que armonice la pasión de amor que proyecta aquí en la idealizada Laura, con el reclamo de amor filial nunca saciado. Un ejercicio que semeja esas especulaciones que sobre los recuerdos inmodificables hacemos, en la alucinación de una impostura que parece –por un instante- cierta. Ese atractivo entramado no le permite olvidar, empero, que puede tratarse de otra trampa para solitarios tironeados entre la razón y la emoción; el verdadero infierno.(...)”

El Menú
“Magia y poesía buscando al amor eterno” por María Infante

“Abrevando en diversos relatos, mitos y leyendas de personajes que mueren para unirse a su amor perdido –Orfeo y Eurídice, Tristán e Isolda, Romeo y Julieta-, Eduardo Rovner rinde homenaje a sus padres, también protagonistas de una historia de amor particular, con una propuesta poética que plantea una duda, una confusión, o el anhelo de compartir el desamparo frente al misterio. (...)
En Tinieblas de un escritor enamorado, texto y puesta se articulan admirablemente; alcanzan un gran vuelo y nos invitan a buscar en nuestro interior un sentido de la vida y de la muerte, pasando por el amor y nuestra capacidad de asombro.
Vale la pena asomarse a estas tinieblas y dejarse sorprender por los muñecos que encarnan las sensibles criaturas de Rovner, con sus acostumbrados toques de ironía y humor, que nos llevan a emocionarnos pero también a reflexionar acerca de los grandes misterios de nuestra naturaleza humana.(...)”

La República (Uruguay)- Noviembre de 1994
“A través del espejo” por Jorge Arias

“(...)Tinieblas de un escritor enamorado intenta difíciles síntesis. Un hombre (Ernesto) cruza la frontera de la muerte para reunirse con su bien amada (Melba), convocando a la vez las ideas de la transfiguración luego de la muerte, y aun luego de las diversas tentaciones y asechanzas que se nos presentan en los viajes a través del espejo, el carácter sobrehumano del amor terrestre, la exploración de las nuevas fronteras, la relación entre el alma y el cuerpo, el condicionamiento de la vida por el mito, que es a su vez una creación primitiva de la vida, hasta la relación entre el carácter y el destino; para hacer menos fácil aún su tarea, Rovner, como paralelo del abordaje simultáneo a la realidad y a la ficción, emplea sucesivamente la prosa y el verso.(...)”

Ambito Financiero- 2/9/94- Patricia Espinosa
“Poética tesis sobre el amor y la muerte”

“En esta sugestiva pieza de Eduardo Rovner reaparece actualizado un tema que compete a numerosos mitos y leyendas, el del artista-héroe, capaz de internarse en el ominoso territorio de la muerte, por ir tras el amor eterno o el misterio de la vida. “Tinieblas...” narra las desventuras de Ernesto, un escritor que luego de urdir la trama de un cuento en donde él mismo busca a su esposa muerta, no sabe si también él murió o cayó dentro de su propia fantasía.
(...) Dentro de ese ambiente, singular mezcla donde se puede percibir el infierno de Dante o el de la mitología griega, el escritor transita con la desesperada torpeza de un Orfeo moderno. Súbitamente el clima fantástico de la obra se transforma en comedia al introducir un tema ya tratado por Rovner en “Volvió una noche”, la poderosa injerencia de los padres (aun muertos) en las decisiones de sus hijos. De nuevo, la madre egoísta y demandante busca incluirse en un triángulo amoroso con el protagonista y su amada. (...) Los demás personajes que intentan seducir al “escritor” con su juego de ilusiones y apariencias, exponen diferentes ideas, sentimientos, y hasta inclinaciones sexuales, con lo que abren en el texto un multiplicidad de significaciones.”