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| Ultimo premio |
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Personajes: 3 Escenografía:
1 Duración: 75 min. Vestuario:
actual.
Abelardo, un viejo profesor de Ciencias Naturales, y Daniel,
un joven poeta, viven juntos en un mundo de afectos creado
por ellos en contraposición al afuera, al que consideran
injusto y corrupto.
La llegada de un premio a Abelardo pone en movimiento
a los personajes, por la envidia que genera ese premio
en Daniel y las fantasías de fama, mujeres y riqueza,
en Abelardo, aunque con pocas posibilidades de satisfacción
dada su edad.
La aparición de una periodista que llega a hacerle
una entrevista al viejo hace surgir a la superficie, a
partir de que el joven intenta hacerse pasar por Abelardo,
los deseos de trascendencia de los dos, pero la lucha
entre ellos la hace huir dejándolos frente a frente
con sus miserias.
Después de los enfrentamientos que provoca esto
último, el viejo, finalmente, decide salir a disfrutar
esa fama que supone le dará el premio, pero su
intento, fantaseado o en parte real, le muestra el mundo
insensible y dominado por el poder y las jerarquías,
lo que lo hace regresar a la habitación donde convive
con el joven poeta para compartir esos afectos cotidianos.
La obra intenta revalorizar los afectos por sobre los
éxitos que nuestra cultura intenta imponer como
trascendentes y habla, también, de una sociedad
que premia cuando ya ha pasado el tiempo para disfrutar.
Ultimo premio se estrenó en 1981 en el Teatro Payró
de Buenos Aires, haciendo una temporada de 3 meses con
singular éxito de crítica y público
y fue publicada, por Editorial De la Flor, en el Tomo
2 de las obras de Eduardo Rovner. Fue representada, también,
en ciudades del interior del país, como Rosario,
Mendoza, Mar del Plata, San Luis y otras.
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| 1981 | Buenos Aires
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Elenco
Julio Chávez
José María Gutiérrez
Cris Morena Dirección
Néstor Romero Teatro
Teatro Payró |

“Drama de dos en soledad”- Diario
Clarín - 10/9/81- Luis Mazas “Como
una fina trama que vela pero no esconde el dolor, sino
que se proyecta en una única, despiadada ironía,
transcurren las escenas de “Último premio”.
(...) El mundo que refleja es el de la soledad de dos
hombres, pero también la radiografía cuestionadora
de una sociedad que no reconoce, o bien lo hace tradíamente,
las necesidades de quienes la integran. La pieza de Rovner
construye un andamiaje a través del cual los personajes
aparecen como solitarios en busca de alimento y, pase
lo que pase, quedan hambrientos. Cierto determinismo de
la frustración recorre la anécdota, puesto
que, en ambos casos, el amor aparece como una imposibilidad.”
Radio Municipal - Semanario Teatral del Aire-
Emilio Stevanovich “Quien haya visto
“Una pareja” de Eduardo Rovner, no se sentirá
defraudado con su “Último premio” que
se ofrece en el Payró. Un maduro profesor que acaba
de ser galardonado y un joven, entrelazan sus vidas en
un casi sórdido cuarto. Lo que inicialmente presagia
una vuelta de tuerca hacia el lacerante gigantismo y/o
deformación moral de un Pinter, resulta ser en
cambio una oda a la soledad. Deviene al mismo tiempo,
causa válida, para explicar la incomunicación.
(...) El local puede ser San Telmo, La Boca, París
o Londres, como cabe a toda buena obra nacional, que debe
ser, salvo en lo pintoresco, ageográfica, para
convalidar su seriedad y chances internacionales. Tal
el caso de “Último Premio” en que Rovner,
luciendo un infrecuente oído para el desdoblamiento
del habla académica cuando transita ríspidos
senderos personales, un no menor conocimiento de la psiquis
y, elemento que maneja con dexteridad de lego, prodiga
su fecunda imaginativa para una situación humanamente
alambicada cuan comprensible.
(...) usted debe ver “Último Premio”
para preguntarse por qué caráspita los buenos
autores y los artistas auténticos no son más
solicitados. Tal vez, por adolecer de una noble enfermedad
que se llama, aún en una época inflacionada
como la presente, amor propio.” “Una
hora de buen teatro” - El Cronista Comercial- 29/9/81
- Eduardo Caffera “(...) Rovner consigue
(...) elaborar una historia que puede ser considerada
en el teatro contemporáneo como un clisé
funcional, pero con tal habilidad para concebir diálogos
y definir personajes, que la obra se transforma inmediatamente
en un foco de atracción, interés y calidad
inusuales.
(...) No es mucho lo que pasa en escena, y sin embargo
el autor maneja ese escaso material con una solvencia
teatral de indiscutible valor, logrando, a pesar de la
síntesis que muestra, exponer un conflicto y describir
con lujo de detalles las ricas características
de sus personajes.” Buenos Aires
Herald - 2/10/81 - Teresita Toledo
Ultimo Premio: una potente, muy buena obra en un acto
del autor argentino Eduardo Rovner (...) El texto es sustancioso
y su esencia patética, con algunas líneas
de humor. “
“Un Ultimo premio que debe verse” - Convicción
- 8/9/81 - Yirair Mossian “(...)Más
allá de las significaciones simbólicas que
pueda tener esta extraña relación (enfrentamiento
entre un espíritu libre y otro condicionado); las
falacias de algunas coartadas de emergencia; las engañosas
luchas que se plantea el hombre con su medio, importa
el peso de la relación en sí misma. Es decir,
las complejidades del amor y de los procesos de atracción,
distanciamiento y rechazo que se desarrollan en la convivencia.
Rovner asoma como un sagaz conocedor de todos los símbolos
–grandes y pequeños- de la vida doméstica.
Al menos de la subyugante y extraña domesticidad
que rodea a sus personajes. El humor ácido está
siempre latente, y eso hace que su escritura permanezca
muy alejada del sentimentalismo y de la autocomplacencia.
Resumiendo Último premio, es una amarga y lúcida
reflexión sobre ciertos vínculos humanos;
casi, incluso, sobre los vínculos humanos en general.”
“Una agonía contemporánea”-
Beatriz Iacovello - 10/10/81
(...) De estructura descarnada, descubriendo
sólo los impulsos, Rovner enhebra el drama de dos
generaciones, que se refugian en un ambiente estrecho,
en la realidad de una habitación. Allí están
protegidos del afuera o por lo menos es un lugar seguro
con respecto a los demás. Pero la amenaza proviene
del exterior (“el premio”) del intruso que
desquicia el mundo simple y aparentemente cómodo
limitado por esas cuatro paredes. Entra con encubierta
violencia a desatar los más primarios instintos
y los temores subconcientes.
(...) Las situaciones fueron bien planteadas sobre una
acción virtual que nos lleva a una doble lectura
de la obra. En los diálogos encontramos un constante
cambio de acento y una evasión deliberada en la
comunicación. Es como un despropósito en
cuanto a lo que se habla con el otro, como un continuo
hablar de otras cosas, antes que de lo que constituye
la raíz del conflicto.
Es una obra que invita a la reflexión sobre cómo
establecemos contacto con los otros, y, las dependencias
que nos creamos y, sobre todo, cómo recibimos algo
acariciado, anhelado durante mucho tiempo, como si fuera
un “premio” y no podemos disfrutar de él
por nuestra incapacidad de relacionarnos.” (...)
“Brillante realización de una
obra”- Diario La Nación- 19/9/81 s/f
(...) La pieza de Rovner no presenta fallas en su estructura
y la admirable progresión dramática que
posee es el producto de una elaboración minuciosa,
en la que cada palabra se corresponde con una acción
y cada acción alimenta el lenguaje oral en una
suerte de intercambio rico y armonioso.
Porque, además de sus indudables méritos
escénicos, es ésta una obra para escuchar,
ya que en sus diálogos fluidos se corrobora la
importancia de la palabra en el teatro.” (...) |
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