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| Y el mundo vendrá |
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Personajes: 5 Escenografía:
1 (con agregados sobre la misma) Duración:
80 min. Vestuario: actual en el primero
y segundo acto y simulando griego en el tercero.
Vicente es mozo en un catamarán del Tigre (barco
de paseo del Delta del Río de la Plata). Tiene
unos cincuenta años y ya está harto de ese
trabajo. Su mujer, Rosa, hace pucheros para los catamaranes,
con plantas de su huerta. Su hijo, Luis hace canciones
navideñas, en un pequeño teclado, para los
entierros de los delincuentes de la zona que creen que
así llegarán al cielo. Mary es "escort",
pero dice que anima fiestas de empresarios y el Tío
Beto, nacido en Grecia, es un viejo sordo que toca la
zambetta (especie de mandolina griega). Viven en una casa
precaria al borde del río.
En los comienzos de la obra, llega Vicente, feliz, bailando
como si fuese "Zorba", anunciando que dejó
su trabajo para dedicarse a lo que fue el sueño
de su vida: bailar griego. Frente a los cuestionamientos
de su mujer y sus hijos, sobre cómo piensa ganar
dinero ya que la situación económica de
la familia es, realmente, mala, fantasea que ganarán
millones de dólares con los turistas que vendrán
a verlo bailar griego al Tigre, y gracias a eso, cada
uno de la familia podrá tener todo lo que quiera.
Luis y Mary finalmente adhieren al proyecto mientras Rosa
mantiene su oposición.
A partir de ese momento Vicente empieza a estudiar danza
griega y a practicar con el Tío Beto, con quien
no se puede entender ni hablando, ya que el tío
es sordo, ni en el baile, porque el mismo no puede seguir
los ritmos que Vicente le pide. Al mismo tiempo ofrece
"su número", sin éxito, a los
catamaranes y a los restaurantes de la zona hasta que
decide hacer, de su casa, una taberna griega. Al principio,
se encuentra con la firme oposición de Rosa hasta
que finalmente impone su proyecto.
El tercer acto de la obra es con la casa convertida en
una taberna griega, todos vestidos de griegos e incluso,
hablan algunas palabras como gracias, sí señor
y buenas noches, en griego. Están en los preparativos
finales esperando el paso del catamarán que prometió
parar en su casa para que bajen los turistas a la taberna
"El gran Zorba". En un momento pasa una lancha
colectivo con los vecinos de la zona, pero Vicente apaga
todas las luces porque no quiere que vengan ellos, aduciendo
que este debe ser un gran negocio. Siguen ensayando hasta
que, llegada la hora, comienza a sonar la sirena del catamarán.
Luis y el Tío Beto tocan con el máximo volumen,
mientras Mary y Vicente bailan con todas sus energías
frente al río, pero el catamarán no se detiene.
Escuchamos el sonar de las sirenas mientras todos miran
con desesperación su paso. Vicente los llama a
los gritos inútilmente. Después de una corta
escena en la que Rosa les increpa todo lo hecho, pasa
otra lancha colectivo. Cuando Vicente va a apagar las
luces, Rosa se interpone, les indica que se saquen los
disfraces y llama a los gritos a quienes van en la lancha,
ofreciéndoles su puchero.
La obra muestra una conducta muy argentina y, seguramente,
de muchos otros lugares. Esperamos o turistas o créditos
o inversiones del exterior, fantaseamos soluciones delirantes
y hacemos "shows" para aquellos que creemos
nos salvarán, en lugar de trabajar para nosotros
mismos sin esperar milagros de afuera. Y el
mundo vendrá se estrenó en 1989
en Buenos Aires y dió a Rovner la nominación
para el Premio María Guerrero como mejor autor
de ese año. Esta obra también se representó,
en febrero de 1992 en Maldonado, Uruguay, así como
en distintas ciudades del interior de la Argentina.
Fue editada por Editorial De la Flor, de Buenos Aires,
en el Tomo 2 de las obras de Eduardo Rovner. |
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| 1989 | Buenos Aires
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Elenco
Onofre Lovero
Ana María Casó
Adrián Blanco
Susana Listur
Jorge Ochoa Escenografía
Guillermo de la Torre
Dirección
Osvaldo Pellettieri
Teatro
Galpón del Sur
Esta obra también fue representada en diferentes
provincias del país y, en 1992, en Uruguay.
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“Una metáfora con humor y fantasía”
Luis Mazas - Clarín - Mayo de 1989
“(...) Para el director Osvaldo Pellettieri “es
una pieza típicamente nacional que reactualiza
contenidos, tendencias que están implícitas
en la tradición teatral argentina. Yo diría,
específicamente, que se trata de un neo-sainete.
Con los elementos de la tragicomedia del autoengaño,
cuyo modelo es El movimiento continuo de Discépolo,
Folco y De Rosa, toma los mismos pero les otorga una nueva
orientación, sobre todo en cuanto hace al desenlace.
En este sentido hay un corte grande que tiene que ver
con nuestra forma de ser argentinos”. (...) Me ha
interesado de esta pieza su inmediatez que hasta puede
resultar ingenua. Por ello he tratado de marcar una interpretación
lanzada en una puesta donde la escenografía, el
vestuario y la música contribuyen, de manera determinante,
a cierto realismo mágico insoslayable en Y el mundo
vendrá (...) Junto con El partener y otras obras,
es una suerte de reacción al sistema teatral de
los ’60, porque –explica- afronta la crisis
desde nosotros mismos. Es una obra esencialmente popular,
sentimental, con mucho humor. La ilusión y la fantasía
son el empuje del personaje central.(...)”
“Eduardo Rovner: la tragicomedia del engaño”
La Nación s/f “(...) La frustración
del hombre argentino es una constante en la obra de Rovner.
Sus personajes aparecen recluidos en su propia incapacidad
para resolver los problemas. Prefieren rescatar soluciones
en el campo de la utopía antes que aplicar el sentido
común que exige la realidad cotidiana. Todos estos
juicios están bien apuntados en Y el mundo vendrá
, pieza a la que su autor define como “neo-grotesco
asainetado”.
Curiosamente, no coincide con esta apreciación
el director.
-Yo califico a esta obra- replica Pellettieri- como un
neosainete o tragicomedia del autoengaño. El protagonista
frente a las propuestas de la vida sufre decepciones y
para resolverlas recurre al autoengaño, lo que
provoca una alternancia entre lo patético y lo
cómico.
-Esta obra de Rovner –continúa- toma elementos
del sainete y los reformaliza. Hay un desarrollo caricaturesco.
En el final hay una modificación que orienta a
la pieza hacia un realismo existencial.
Más allá de las consideraciones teóricas,
el protagonista es fácilmente reconocible como
un personaje autóctono.
-Lo que la obra plantea- explica Rovner- es un conflicto
muy nuestro. Hay una lectura psicológica, sociológica
y política de la realidad que vivimos, donde se
fantasea con la solución del problema.
(...) Tiene teatralidad-agrega Pellettieri- Yo la leí
y la vi puesta. Eso es muy difícil de lograr. Además
hay humor y eso es muy importante.(...)”
“Las soluciones mágicas en un logrado
grotesco”
Osvaldo Quiroga - La Nación - Mayo 1989
“Las soluciones mágicas y providenciales
de los problemas económicos y el intento por transformar
la realidad sin la indispensable elaboración son
los temas dominantes en Y el mundo vendrá, pieza
que corrobora el talento de Eduardo Rovner como dramaturgo.
El autor de Concierto de aniversario regresa en esta pieza
a sus tópicos favoritos: la responsabilidad individual
y social, la lucha por la supervivencia en un universo
hostil y los fuertes contrastes que modelan la interioridad
de cada individuo.
Esos contrastes- visibles en toda la obra de Rovner- provienen
tanto de la relación de sus personajes con el contexto
social, como del propio universo espiritual de sus criaturas.
Universo que lentamente va tejiendo una trama de secretas
prohibiciones, de permanentes dudas y paulatinos cambios.
(...) Porque esta obra, al margen de la anécdota,
muestra a seres desesperados por trascender en un mundo
que ni siquiera les permite subsistir. Los signos que
aparecen en el escenario -bien dosificados en la puesta
en escena- pertenecen a un imaginario colectivo habitado
por magia y angustia.(...)” “Agudeza
y ácida captación en una inmejorable parodia”
César Magrini - El Cronista Comercial - Mayo de
1989 “El tema de esta nueva pieza de
Eduardo Rovner, que deliberadamente ingresa en el grotesco,
especialidad que el autor maneja a la perfección
y sin el menor desvío, es simple pero rico en simbolismos,
incluido el final, que abre puertas a eso que Carlo Coccioli
bautizara, como título para uno de sus libros,
como “la difícil esperanza”. De paso,
hay que agradecerle particularmente al autor que no se
entregue a digresiones seudofilosóficas, que estarían
totalmente fuera de lugar, y que vaya al grano, a través
de diálogos eficaces, pintorescos y contundentes,
así como en extremo gráficos –que
de paso delinean la para nada compleja psicología
de los cinco personajes- con notable y más que
ponderable poder de síntesis – los tres ágiles
cuadros no insumen más de una y cuarto de representación,
y aquí sí que se cumple aquello de “lo
bueno, si breve, y etcétera- ya que en el fondo
se trata de una situación, muy hábilmente
teatralizada.(...)” “Una
isla donde la vida es sueño”
Diario Página 12 - Junio de 1989 - s/f
“(...)La anécdota transita, son el tono festivo
y sin las complicaciones introspectivas del grotesco,
hacia un final donde, tanto autor como director intentan
hacer prevalecer la intención moralizadora. Es
decir: en la alternancia entre los sueños y la
realidad es esta última la que debe imponerse para
restablecer la armonía. Sin embargo, y tal vez
a pesar de las juiciosas intenciones expresas del texto
y de la puesta, la obra libera un aliento poético
que – en contacto con la realidad extrateatral-
legitima el salto en apariencia irresponsable de Vicente,
una criatura compulsada por la magra cosecha que depara
la sensatez. Es que, aunque él mismo lo crea, no
es la posibilidad de hacerse rico de golpe lo que más
estimula a Vicente sino un apetito más universal
y propio de la condición humana. Más que
llenarse los bolsillos –lo que no le vendrá
nada mal- el sufrido mozo y padre de familia quiere bailar.
O sea levantar los pies unos centímetros por encima
de la tierra llena de basura.” |
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